Convencido de que están ante un homicidio múltiple, Vila pone en antecedentes a su comandante para que autorice que él y su compañera Virginia trabajen en el caso. Sus esfuerzos pronto dan fruto: las tres víctimas tenían tarjetas de débito que han sido usadas varias veces y en diferente cajeros de Madrid y Toledo desde la fecha de su muerte. A partir de entonces los agentes tendrán que movilizarse, vigilar los cajeros y revisar imágenes de cámaras de tráfico antes de que las entidades bancarias anulen las tarjetas y el culpable deje de poder utilizarlas.
Aunque en esta ocasión Vila y su gente no recorran muchos kilómetros a lo largo de la geografía española, como suele ocurrir, el contexto en el que se desarrolla la trama no se parece a ninguno en los que han tenido lugar sus aventuras hasta la fecha. De esta forma Lorenzo Silva ha conseguido un relato tan intenso como los anteriores y a la vez nada falto de originalidad a pesar de los años transcurridos desde el incio de la serie.









