
El relato comienza con el hallazgo de una maleta en una nave industrial abandonada. En su interior se encuentra el torso de una mujer. El asesino se tomó muchas molestias para dificultar la identificación de la víctima: además de descuartizar el cadáver borró todo rastro de tatuajes e intervenciones quirúrgicas. Incluso la propia maleta está limpia de huellas dactilares. Eso dificultará la investigación y a la vez llevará a los agentes a pensar que se enfrentan a un sicario profesional.
En su primera novela el autor nos ofrece una historia que destaca no solo por lo intenso de la trama, sino también por el nivel de detalle con el que describe cada escena y por no dar puntada sin hilo: los protagonistas no dejan cabos sueltos, sin importar si el trabajo da o no frutos. La única conclusión posible es mantener la esperanza de que estemos ante la primera entrega de una larga serie de novelas.
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