El hecho de que el autor de los mensajes sepa cómo moverse por el lugar evitando las medidas de seguridad apunta a que hay alguien de dentro implicado, pero de ser así la agencia se vería comprometida y el responsable no ganaría nada si la amenaza se hiciera realidad. Si la amenaza es ajena al servicio secreto, el responsable debería ser alguien que resultara beneficiado por la muerte del vicepresidente. En todo caso, Reacher accede a ayudar a resolver el misterio. Para ello, revisará previamente los lugares por los que el político pasará y las rutas que seguirá para tratar de identificar los puntos donde será más vulnerable en caso de producirse un atentado.
Aunque este libro haya tardado dos décadas en ver la luz en España, el inconfundible estilo de vida de Reacher (viaja constantemente, carece de domicilio y de parientes vivos) hace que eso no sea un obstáculo para disfrutar de su lectura.
